MANIFIESTO | 2-5-2026
No me gusta escribir los sábados. Ni me gusta escribir por obligación. Solo me gusta escribir cuando me apetece.
No puedo estar todo el día con el móvil en la mano.
Me gusta hablar con mi pareja y perdernos conversando.
Me gusta ver una película y entrar en ella de forma visceral; ser el narrador omnisciente.
Me gusta pasear comiendo pipas mientras observo a la gente tomarse un café o dar un paseo.
Me gusta poner la mano en la barriga de mi mujer y sentir a mi hijo Mauro comunicarse conmigo en nuestro código morse íntimo.
Por eso no tengo redes sociales desde hace años. No es porque no sea sociable, sino porque soy un experimento raro que parece provocar aceptación en la gente. Pero, en realidad, soy otro parche más del sistema: sonríes, continúas con tu vida y todo sigue igual.
Mi vida no es una apariencia ni una careta.
Mi vida es mi mujer, mi hermana y mis ideas. No tengo nada más. No necesito impresionar ni vender viajes.
Hago deporte, trabajo y me debo a una persona que hizo que mi vida cobrase sentido. No necesito aceptación ni propaganda de mi ser.
Si desaparezco, lo acepto.
Mi vida no es el escaparate de una tienda, ni de lujo ni de barrio.
Mi vida es un almacén cerrado por aviso de nieve.
Y la ventisca no va a parar nunca.



Hola soy Paco antes era tu vecino.